NOWHERELAND.
viernes, 27 de diciembre de 2013
martes, 17 de diciembre de 2013
el sueño
Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.
El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada
ya, para nada
lo había querido antes.
domingo, 8 de diciembre de 2013
y las avispas
Y luego levantémonos más tarde,
como domingo. Que la mañana plena
se nos vaya en hacer otra vez el amor,
pero mejor:
de otra manera
que la noche no puede imaginarse,
mientras el cuarto se nos puebla
de sol y vecindad tranquila, igual que el tiempo,
y de historia serena.
como domingo. Que la mañana plena
se nos vaya en hacer otra vez el amor,
pero mejor:
de otra manera
que la noche no puede imaginarse,
mientras el cuarto se nos puebla
de sol y vecindad tranquila, igual que el tiempo,
y de historia serena.
viernes, 6 de diciembre de 2013
como si no hubiera mañana.
Hoy Madrid parece cansada de sostenerse en pie. Las columnas chirrían bajo el peso de los edificios, los balcones se lamentan de su lumbago, los portales exhalan suaves bocanadas de aire helado que ponen los pelos de punta a los transeúntes.
Los años hacen mella en la metrópolis que vio crecer al mundo a su alrededor.
Los días han ido pasando inexorablemente. Tienes la sensación de haberlos exprimido al máximo, y sin embargo, miras atrás y crees verlos vacíos y monótonos. Trece semanas, y no eres capaz de recordar lo que sucedía en tu cabeza antes de poner tus pies entre estas cuatro paredes.
Kilómetro 0, y las cuentas aún no salen a mi favor.
Trece semanas, y parece que el tiempo solo está ahí para joderte la vida, para que apures hasta el último sorbo del vaso de las experiencias inolvidables.
Porque cuando quieras darte cuenta, ellas ya habrán volado lejos, y tú cerrarás el puño intentando atrapar una ráfaga de viento: las oportunidades que has dejado pasar.
miércoles, 4 de diciembre de 2013
polvo de estrellas
El [paréntesis] que supone tenderse en tu cama.
El rubor de noviembre entre tu piel de verano.
Abandonarse a la certeza de lo anhelado
al susurro de lo efímero
a la eternidad de lo improvisado.
Voluble, siempre voluble.
Y el recuerdo
que se escapa entre los dedos,
se convierte
irremediablemente
en humo.
Voluble, siempre voluble.
Y el recuerdo
que se escapa entre los dedos,
se convierte
irremediablemente
en humo.
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