Suelo pensar que entre dos personas siempre hay una historia, aunque tan sólo se hayan visto una vez en la vida. Las más simples comienzan y acaban con una corta mirada al cruzar un paso de peatones, al decir hola y adiós en la cola del supermercado o al echarle una moneda a un músico callejero; las más complejas son las que comienzan con una mirada y culminan en amistad, en amor, en odio, en una rutina de gestos o saludos, en algo más.
Mi historia con él había empezado con su pelo liso, su ropa negra y su olor a tabaco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario