Recuerdo aquellas flores porque cuando era pequeña y caminaba con mi padre por el monte, él siempre las arrancaba, cerraba con los dedos índice y pulgar su abertura, y las hacía explotar contra su palma izquierda. Después, simplemente, las dejaba tiradas por el camino.
Hoy, cuando iba de vuelta a casa desde la parada del autobús, me acordé de esos momentos con mi padre, y me sentí identificada con aquellas flores violáceas... A veces, tengo la sensación de que una fuerza ajena a mí me agarra, me comprime al máximo, y después, me hace reventar, derramando todo lo que llevo dentro...y entonces ya es demasiado tarde para volver atrás.
Pero el alivio es grande, qué le voy a hacer.