Coloca el iPod en los altavoces, sube el volumen al máximo y aprieta el botón del play. Oasis resuena por toda la casa, no importa que mamá esté durmiendo. 'I don't believe that anybody feels the way I do about you now', reza su canción preferida. Nadie lo sabe mejor que ella, desde luego. Nadie siente lo que ella por él, nadie. Se tumba en la cama con el disco en la mano y tararea las letras mientras sus oídos se embriagan de la voz de Liam Gallangher, mientras su mente vaga entre recuerdos no muy lejanos.
Las últimas semanas se han convertido en un continuo tira y afloja. Día sí día también se ha despertado pensando en él, y se ha acostado haciendo lo mismo. Y aunque a veces parezca que a él le ocurre lo mismo, ¿quién podría comprender su mente? Siempre tan frío y ajeno a los sentimientos de los demás, parece tener una barrera de cuero impidiendo el acceso a su corazón, tan siquiera para percibir sus latidos.
'...and after all you're my wonderwall ". Exacto, así es. Él es su 'gran apoyo', lo que le obliga a levantarse cada mañana y volver a ese antro del horror que tanto odia. Él es una pequeña lucecita (aunque parpadeante) entre tanta oscuridad; la única persona con la que puede mantener una conversación sin necesidad de mencionar esos temas absurdos o irrelevantes que tanto le disgustan. La única persona que piensa por sí misma, aunque muchas veces de forma poco convencional. Por eso, a ella le gusta todavía más.
Y allí se queda. Cuatro minutos y medio bañándose entre acordes de guitarras que nunca tocará, e imágenes de unos labios que jamás probará.
'...There are many things that I would like to say to you but I don't know how.'
Y aunque muchos digan lo contrario, ella sabe que hasta ahí puede leer, y que lo demás queda en sus manos, como de costumbre.
En esas manos que una vez compusieron un rock and roll, una balada e incluso un flamenco para ella.